
Colores matizan los flacos ladrillos
y bajo el tamiz de la copa de un antiguo madero
luces y sombras apuestan contra la derrota que persigue
Refugio de constructores de un nuevo soy
De lenguas extranjeras ahuyentadas de la Torre de Babel
Asoman iguanas encrestadas
desde su cielo de hojas trémulas
Fustigan verde con su cola de prehistoria y escamas
y una niña forastera
adorna su cabeza con flores que llueven del anciano Castaño
Manos ásperas abren y cierran largas jornadas
con obligo a ser también espanto de la añoranza
Diez anillos engastados de grasa oscura
orillan los días de las arenas movedizas
para atornillar vida nueva en una precaria escalera
Enmarcada a la ventana de la cocina
una templanza sonríe
Fustigan verde con su cola de prehistoria y escamas
y una niña forastera
adorna su cabeza con flores que llueven del anciano Castaño
Manos ásperas abren y cierran largas jornadas
con obligo a ser también espanto de la añoranza
Diez anillos engastados de grasa oscura
orillan los días de las arenas movedizas
para atornillar vida nueva en una precaria escalera
Enmarcada a la ventana de la cocina
una templanza sonríe
Lleva delantal de harina blanca amasando días
Y en cada vuelta de masa y reloj
escribe una nueva página en la vieja historia del libro del exilio
Ella empolva de suspiros sus fieles soldados de papel
Ellos defienden su nueva trinchera del conspiro del olvido
Recuerdos en blanco y negro cobran vida y muerte a ratos
como en el vuelo de las luciérnagas
cuando canta luz indecisa la melancólica alborada
Viejo solar de casas coloradas
Sus espíritus visten hoy esmoquin de evocación
Sólo necesitan los vientos de la noche cálida un ¿te acuerdas?
para que asomen las iguanas moviendo su cola
para que lluevan flores del viejo madero
Y el fantasma de la niña forastera
cruza el antiguo solar de los Cuadrelli
con flores de castaño sembradas en su pelo
Y en cada vuelta de masa y reloj
escribe una nueva página en la vieja historia del libro del exilio
Ella empolva de suspiros sus fieles soldados de papel
Ellos defienden su nueva trinchera del conspiro del olvido
Recuerdos en blanco y negro cobran vida y muerte a ratos
como en el vuelo de las luciérnagas
cuando canta luz indecisa la melancólica alborada
Viejo solar de casas coloradas
Sus espíritus visten hoy esmoquin de evocación
Sólo necesitan los vientos de la noche cálida un ¿te acuerdas?
para que asomen las iguanas moviendo su cola
para que lluevan flores del viejo madero
Y el fantasma de la niña forastera
cruza el antiguo solar de los Cuadrelli
con flores de castaño sembradas en su pelo
Gizela Rudek J
Imagen tomada de la Red
Galería de la Red José Jaime Araujo