
Intenta la sombra del poema atrapar las palabras que sueltas divagan mojadas de lluvia. Quedó quebrado el poema que le dio existencia, con cicatrices de hojas de otoño vagabundas de destino. En un charco de lágrimas asfaltadas a viejas quimeras, alguien pisó fragmentándolo en millones que nunca más serán uno. Algunos rotos de palabras aun flotan en el pavimento mojado, agonizantes de luz. Otros se abrazaron a la suela de un errático caminante, desertando del final que trajo la realidad. Sostiene la sombra con fuerza, la única palabra que quedó entera del poema: FIN.
Y le suplica al que escribe que llene el espacio que antecede con otra utopía.
Y Le digo que ya no tengo palabras, que sólo soy su vacío.
Y le suplica al que escribe que llene el espacio que antecede con otra utopía.
Y Le digo que ya no tengo palabras, que sólo soy su vacío.