Cuando el irremediable gris de la despedida se instala y toma el control, desearíamos adormecer el alma con la melodía de alguna vieja nana que nos evite sentir de nuevo, como en aquel primer desgarro doloroso. Impertinente y pesada, de tanto pasado vivido, vuelve con su... yo te lo dije, la señora Realidad.
Viene muy bien maquillada en tonos grises.
Los instala como si fuera su casa, sobre la retina del alma. Va borrando uno a uno, todos los colores que ayer nos soñamos robando al amanecer.
Solemos cruzar mares de instantes que saboreamos eternos, en la ingenuidad de una pasión, para terminar en medio de otro espejismo, quebrados y apaleados.
Y de nuevo se abre la vieja herida en algún poema escrito sobre papel estrujado.
O en el pomo roto de una puerta cerrada a doble llave de olvido.
A veces, simplemente mirando la garúa a través del cristal brumoso de una vieja ventana.
Viene muy bien maquillada en tonos grises.
Los instala como si fuera su casa, sobre la retina del alma. Va borrando uno a uno, todos los colores que ayer nos soñamos robando al amanecer.
Solemos cruzar mares de instantes que saboreamos eternos, en la ingenuidad de una pasión, para terminar en medio de otro espejismo, quebrados y apaleados.
Y de nuevo se abre la vieja herida en algún poema escrito sobre papel estrujado.
O en el pomo roto de una puerta cerrada a doble llave de olvido.
A veces, simplemente mirando la garúa a través del cristal brumoso de una vieja ventana.
Y amaneció
Igual que aquel
último temprano
De nuevo frente
a un café
La transparencia
aroma recuerdos
Lejana evocación
Una mentira
Remontan vagos
los repasos
Todo se hila
teñido de adiós
Un último
suspiro
soledad
Igual que aquel
último temprano
De nuevo frente
a un café
La transparencia
aroma recuerdos
Lejana evocación
Una mentira
Remontan vagos
los repasos
Todo se hila
teñido de adiós
Un último
suspiro
soledad
