sábado, 27 de febrero de 2010

Con Todo y con Nada

A la puerta de la gran carpa
el maestro de ceremonia
murmura en el cogote de las almas
Pase adelante que es toda suya
Disfrútela
Dispútela
Súfrala
Llórela
Suéñela
Carcajéela
Hay mucho de Todo
para recubrir cualquier Nada atravesada

Mientras la función se funde en el tiempo
ríen los payasos para hacer reír
Una entrenadora muestra los dientes del fiero león
Y sobre la cuerda...
caminan vacíos intentando no caer en el vacío

El público aplaude
con manos amarradas a su propia cuerda
y guardan en los bolsillos
oportunos dientes de rapaz

¡Se rifan garras para el desgarre!
¡Se cultivan pétalos para las caricias!
(grita el maestro de ceremonia entre las movedizas gradas)

Los premios no traen garantía
Ni se devuelve el dinero si no afrutó la función
Pero tiene encanto el único performans
que discurre con sagrada inexactitud

Los colores nunca decretan el mismo arcoiris
la llovizna que no viene de la mano del mismo viento
Pero atraviesa la noche un hermoso amanecer
y alivia despertar con el murmullo en el cogote
Pase adelante
La vida es toda suya


Gizela Rudek J
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miércoles, 24 de febrero de 2010

Sin respuestas Steph...

Nacemos desnudos
Simples carátulas sin páginas caminadas
Aliento a la intemperie de la vida
esculpe los folios de un libro etéreo
que imprimen agites y estancos

Desde una primera bocanada rodamos existencia
y como gusanos de seda encapullamos
A veces mariposas y volamos colores
Otras simples sapos observando orilla de río
Escalamos montañas a puro pálpito
En barrancos nos hundimos a lágrima espesa

Un día tocamos estrellas con la punta de los dedos
Y Dios nos envidia
Otro vestimos las escamas de la serpiente
Y Eva de nuevo seduce al deseo
Sabemos bajar a los infiernos venciendo en desdicha
Y hasta los diablos palidecen

Páginas y páginas existimos
Capas cubriendo mil capas cubren un original
Pero un segundo despierta conciencia
Y toca deshojar
Y toca hacer seda
Y si tenemos suerte…
(maldita suerte que no conoce de justicia
sólo de capricho)
nos reencontramos con nuevo inicio

¿Para qué?
No lo sé hija mía
Tal vez para escribir una final poesía
Tal vez para decirnos en la desnudez
Tal vez para arroparnos con otra soledad
No lo sé hija mía
Tu mamá nació sin manual de vida



Gizela Rudek J
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martes, 23 de febrero de 2010

Katty Wagner


Este rincón sigue en triste pausa, pero mitigada por hermosos recuerdos vividos.Mitigada por los abrazos y cariños recibidos aquí y en mi correo electrónico y la entrada de un blog que siempre está "ahí" en el centro de mi corazón.
He brincado de pijama en pijama, de lágrima en lagrima y contribuido profusamente con la industria del chocolate.
Pero la vida continua y volví a la prensa, y me encontré con un artículo que resume mucho mi sentir por Venezuela. Nunca he creído en mesías políticos y en mis pequeñas esferas de acción, siempre he "peleado" que son las acciones de los ciudadanos, las que generan cambios.
Y para que estos cambios se proyecten en la sociedad, primero debemos sembrar en nuestro interior, una verdadera y responsable justicia social y actuar conforme a ello, sin esperar "mana" del cielo político, envuelto en papeletas de votos o nombres de partidos.

Y estoy segura que Leo, estará feliz de que lo publique.
Porque son muchos los héroes anónimos que hay en el mundo.

Y en Venezuela, la mayoría de los "héroes" tienen falda y ovarios.
Y para mí, representan la esperanza.

No Puedo comentarles todavía, necesito unos días...pero les regalo está historia de una mujer y de un barrio...
Es largo... pero como la esperanza: No tiene desperdicio.
Un beso inmenso a todos.


De invasores a ciudadanos
Katty y La Pradera se confunden en una historia de batallas personales y sobrevivencia. Ella es colombiana, nacionalizada venezolana y a sus 71 años simboliza la historia de La Pradera en La Vega, un barrio, asentado en uno de los sectores más peligrosos de Caracas convertido ahora en ejemplo de una "revolución comunitaria"

Ese martes Nico no alcanzó a sentir el sol que bajaría por la ladera del cerro ni llegó a ver los amaneceres de ningún otro día. Un sujeto anestesiado en alcohol y droga estrelló a las dos de la madrugada un destornillador contra su sien derecha, y el excelente jugador de fútbol del barrio, que a los 21 años decidió “dejar la calle” y retomar los estudios de bachillerato siguiendo los consejos de la familia, abandonó el mundo.

“El rostro de ese muchacho se me quedó aquí, grabado para siempre, porque yo lo había saludado en la tardecita y él me regaló una sonrisa; y entonces, de pronto, verlo ahí, con los ojos desorbitados y su familia encima del cadáver, llorando, pidiendo ayuda, no sé para qué, si ya estaba muerto, me estremeció como si hubieran matado a un hijo mío…”.

Katty, por instantes impaciente para sentarse, revive el asesinato que “nadie supo al final si fue por asunto de faldas, o de drogas o por envidia… o que simplemente querían asaltarlo”.

La muerte de Nico no es en verdad un acontecimiento relevante que, más allá de sus familiares, alguien en La Pradera deba recordar, como se recuerda el día del natalicio de Simón Bolívar o un martes de carnaval. Ocurrió el 12 de noviembre de 2008, y ya se sabe que en Caracas las autoridades policiales registran un promedio de 95 homicidios cada semana.

De manera que en esta fecha, para los habitantes de un barrio que de noche se estremece por el tableteo de las balas y al día siguiente se enteran en la parada de las camioneticas a quién mataron y por qué, ya Nico es apenas una sombra incluso para sus padres, sobrevivientes como cualquier otro vecino de La Vega de sus propias tragedias.

“Te lo cuento porque me acabas de preguntar cuál de esas muertes me ha impresionado más”, despacha a manera de excusa pero también como punto final de una conversación que no le gusta abordar, Katherine Wagner, colombiana y nacionalizada venezolana, 71 años de edad y fundadora del sector La Pradera, suerte de paréntesis comunitario en una de las parroquias más violentas de Caracas, y de la cual hay escasas razones para darles a los lectores buenas historias, sino pedazos de dramas personales, atracos, violaciones, muertes por asuntos de drogas o por mirar volteao al jefe de una banda, y que al mezclarlos con la miseria y la negligencia gubernamental conforman un retrato del arte de la sobrevivencia en los pequeños infiernos urbanos que se multiplican en Latinoamérica.

Sin desearlo, Katty ha asumido el rol involuntario de líder vecinal, abuela gastada por los años y cronista del sector que asegura fue ella quien le puso el nombre porque, “cuando llegamos aquí, como invasores, sin nada en las manos, sentí un aire fresco como el de mis días de muchacha en la finca de papá, y dije: esto se va a llamar La Pradera”.

IDEAS PARA SUPERAR LA POBREZA
Ubicado en el lugar más alto del gran cerro que domina La Vega suroeste de la ciudad (puede avistarse desde allí tanto el hipódromo de La Rinconada como el reloj de La Previsora y hasta los barrios de Petare, que quedan al este de Caracas), La Pradera desarrolla, sin ayuda oficial y sin estridencias, una pequeña “revolución comunitaria” cuyos fines –hay que advertirlo– nada tienen que ver el ideario de construir el socialismo o quitarle a los que tienen para dárselo a los que nada tienen.

Mantener sus modestas casas pintadas, un jardincito arreglado y las calles limpias son en si misma una proeza, si se toma en cuenta que para llegar allí, tanto el viajero que aborda el transporte en la plaza La India o que se traslada en auto propio, sentirá que su visión queda atrapada entre promontorios de basura, riachuelos de aguas negras bajando por las vías, calles con enormes huecos y no sin mucha infrecuencia la escena de los pies de algún cadáver que emergen de la sábana blanca colocada encima de los “tiroteados” cuando les llega la hora y se van sin despedirse.

La Pradera es un proyecto de mejoramiento de vida de sus residentes, que antes fueron invasores porque a la fuerza tomaron este último refugio del cerro y lo llenaron de ranchos construidos con tablones y cartón piedra, para luego dar paso a casitas de cemento y techos de zinc, después las aceras, la calle real, y la iglesia fundacional regida por sacerdotes jesuitas, responsables –junto a unas monjas– del programa cívico de superación, donde la palabra de Dios que se pregona en la misa son charlas sobre la importancia de preservar tapados los pipotes con agua para evitar que se reproduzcan los mosquitos del dengue, o cómo hacer para reciclar los desechos de basura o de qué manera ayudar a la familia Montoya, que se le cayó su casa y lo perdió todo.

Es de resaltar que sobreviven en medio de un sitio violento, por tanto, cada domingo al término de la oración, el padre Luis Ugalde lee en un papelito los nombres y pide oraciones por dos los jóvenes asesinados en la semana que termina.

–¿Qué cómo lo hacen? Siempre recurrimos a la buena voluntad de la gente, sin regaños ni insultos. El que vigila que la basura no la eche al piso es un señor mayor que sabe como hablarle a un chamo o a una viejita; otros hacen las fiestas… otros fabrican con vidrio de colores encontrados por ahí lámparas que parecen de Tiffany.

Las hermanas Petrica e Iraida se juntan para contar esta experiencia comunitaria desde que en octubre de 1991 se implantó la Vicaría Nazareno, conformada por las hermanas misioneras de Acción Parroquial y dos sacerdotes de la Compañía de Jesús. Lo primero que constataron es que no había escuelas y en menos de un año construyeron el colegio José María Olaso, de la organización Fe y Alegría.

Otra de las necesidades urgentes, era que la mayoría de las mujeres, en particular madres de familia, tenían que “bajar a la ciudad” para trabajar, y los niños se quedaban solos en sus casas bajo el cuidado de hermanos mayores si los tenían y expuestos a los riesgos que implica el abandono momentáneo.

Las historias de niñas ultrajadas, varoncitos que aprendieron a los 7 años a consumir drogas, ese niño que fue “macheteado” por su padrastro o de las víctimas de los tiroteos callejeros porque desatendieron la orden de la madre y salieron a jugar un ratico son otro episodio de los relatos que han quedado como pequeñas historias “de cuando todavía éramos invasores”.

“En atención a esta situación, surgió el proyecto Multihogar Angel de La Guarda en 1993, que empezó con el cuidado a 30 niños en edades comprendidas ente 0 a 6 años, mientras su madres trabajaban, y hoy atienden a más de 80 infantes con la creación Niño Jesús en 2002”, señala la madre Iraida.

Tampoco tenían servicio de salud. Para las emergencias, acudían al Hospital de Coche o al Pérez Carreño, demasiado alejados para situaciones de vida o muerte y siempre hacinados de pacientes de otros barrios de la ciudad. Entonces construyeron el Centro de Salud Santa Inés La Pradera en 1993, que cuenta con servicios de medicina general, odontología, ginecología, toma de muestras, psicología, asesoría jurídica y apoyo psicológico

En 1995 nace el proyecto “Niños trabajadores no escolarizados”, que hoy acoge a 70 niños de la comunidad de La Pradera que no saben leer ni escribir y no pueden acceder al sistema escolar regular, debido a las deplorables condiciones económicas de la familia.

La Vicaría los acoge y los inserta en las escuelas cercanas a la comunidad. En 2002, se inauguró el Centro Comunitario de Formación, que ofrece servicios de biblioteca, asistencia en tecnología, sesiones de uso múltiples: computación, comedor, y hasta un centro de telecomunicaciones que brinda a los niños la posibilidad de navegar en Internet

LA DURA VIDA DE KATTY
Pero, para llegar allí, no bastó con la “buena voluntad” de la Compañía de Jesús y un puñado de monjas. Katherine Wangner, presidenta de la Asociación Civil Karon y reconocida como líder de la comunidad, atesora entre narraciones propias y ajenas la “historia oficial” de La Pradera, y al pronunciarle el término “historia oficial”, esta mujer de 71 años y una entereza de espíritu que supera la lasitud de sus huesos, sonríe como avergonzada.

“No pongas eso ahí”, advierte como una niña a quien le acaban de descubrir una travesura.

“Sí, yo le puse el nombre de La Pradera, como te dije, cuando esto nomás era monte y culebra. Yo había estado danmificada con mis dos hijos en el Poliedro, porque a mi se me cayó mi casa en el barrio Blandín, allá en Gramoven. Qué vaina. Yo mismo había construido esa casa, la había arreglado bien bonita, le había hecho otro piso y vivíamos felices. Estaba trabajando en La Carlota, donde hacía los uniformes de los pilotos, porque yo soy buena costurera. Eso fue con el gobierno de Luis Herrera (1980) , y de repente me llama una vecina por teléfono para decirme que mi casa se derrumbó. Entonces, como hacen ahora, nos metieron en el Poliedro y ahí estuve tres años como damnificada, hasta que se acercó un guardia nacional y me preguntó si yo era aguerrida, y le dije que sí, entonces me aconsejó que me fuera para La Vega y montara mi rancho en un cerro todo lleno de montes. Cuando llegué en 1981 mi primera impresión fue devolverme, pero me acordé de mi país, de mis padres y la finca que teníamos y detrás de este peladero y montes, vi que esto podía ser una pradera".

Esta historia fundacional, que Katty cuenta es aprobada por vecinos de edad similar a la suya, y salpican los relatos con interrupciones de la vez que mataron a Luis o “cuando, ¿te acuerdas? corrimos al ecuatoriano que…..”.

Lo que Katty guarda para sí es que salió de Colombia hace 40 años porque no soportaba la lidia con un marido que le golpeaba. Pero su vida anterior, no se limita a ese episodio matrimonial que parece ocultar detrás de un fondo borroso.

Su verdadera tragedia comienza con el asesinato de su familia –ella dice que fue la guerrilla– y en la cual se salvaron ella y dos hermanos porque se ocultaron en un matorral.

“No quiero contártelo… pero bueno, mi padre se llamaba Guillermo Wagner, era un alemán hermoso y mi madre Josefita Rojas, colombiana. Teníamos una hacienda en Roldanillo, al norte del Valle del Cauca; después de La Palia, al pasar el puente y el río Cauca, lo primero que te consigues es Ronaldillo. Eramos 13 hermanos. Cuando llegaba esa gente, mi madre les cocinaba y los atendía. Claro, tenía que hacerlo porque ellos se ponían en la puerta con una ametralladora que los convertía como “torcidos”, porque la ametralladora era más grande que ellos y entonces mamá y papá se veían obligados a atenderlos".

"Un día llegaron los de las FARC y arrasaron con todo, matando pues a todo el mundo. Acusaron a mi papá de ayudar a los grupos contrarios; ¿y qué podía hacer mi pobre madre si vivía amenazada? Cuando vimos a los guerrilleros nos fuimos corriendo dos hermanos y yo y nos metimos debajo de una cuevita, en donde papá guardaba a los chivos. Allí nos quedamos por largo rato, a esperar que pasara la balacera. Lo cierto es que mataron a 17 personas entre esos mis otros hermanos y a mi mamá y papá. Ella tenía apenas 46 años y papá 50. Qué dolor. Las lágrimas todavía están instaladas en mis ojos…”

Los acontecimientos de ese y otros días sobreviven de manera algo confusa en la mente de Katty. Dice que fue enviada a Puerto Buenaventura, a casa de su madrina, que le golpeaba y hasta la obligó a casarse “con el primero que se me atravesó”.

“Con Nemesio viví 17 años. Pero me hizo la vida imposible. Me traicionaba y me golpeaba también. La última vez que lo hizo, me dije a los 31 años que a este hombre no le aguanto más un golpe y agarré a mis muchachos y les dije ‘yo me voy a Venezuela, su papá me golpea mucho’. Y el mayor me dijo ‘yo me quedo con papá’. Bueno, él se quedó y yo tengo 20 años que no lo veo”.

“Aquí llegué con mis dos hijos (una hembra y un varón) a rehacer mi vida. Fue durante el primer gobierno de CAP. A los meses de estar aquí, murió Renny Ottolina. Eso nunca lo olvido. Ya yo no tenía familia; me habían matado a mis hermanos y a mis padres. Sólo dos hermanos se quedaron allá en Colombia. Y el marido no servía para nada. Tenía 32 años y sin pensarlo mucho, me aparecí en el barrio Blandín, en Gramoven, donde construí mi casita. Fue un esfuerzo impresionante, pero me sentía en aquella época realizada. Era buena costurera, tenía trabajo y mis hijos iban por buen camino. Hasta aquel día en que me llama un vecino a La Carlota y me dice ‘Katty, vente rápido, que tu casa se desplomó’. No lo creía. Todo ese esfuerzo que había realizado, se derrumbó en un segundo. Entonces me fui al Poliedro… pero ya eso te lo conté”.

TIERRA DE NADIE
Vinieron de todas partes. ecuatorianos, colombianos, venezolanos, bolivianos. La carencia de una vivienda y la pobreza que se consuela con vanas ilusiones los empujaron hacia ese lugar montaraz y desierto.

Se instalaron allí sin agua ni luz, y lo que fungía de carretera era puro polvo. Katty recuerda cuando los lugareños de otros barrios de La Vega los llamaban “los invasores”, porque “en verdad, eso éramos: invasores, nos agarramos esa tierra que era de nadie, pero que nosotros la hicimos nuestra”.

Aventajados por la luz del día que se posaba en la cúspide de ese cerro, los invasores comenzaron a levantar sus ranchos, a darse la manos los hombres y a intercambiar los nombres las mujeres. Cuando terminaron sus casas, cercaron los espacios de un rudimentario jardín. Cuando se dieron cuenta que necesitaban luz, agua y pavimentación de la calle, bajaron a reclamar.

Por fortuna, fueron escuchados por las misioneras y los jesuitas. Descubrieron que ellos mismos habían inventado un barrio, les habían dado el nombre y habían construido una escalinata. Cuando vinieron a poner los postes de luz ellos ayudaron y cuando la tranquilidad conquistada era perturbada, echaron a los indeseables que no habían llegado allí a vivir sino hacerle la vida imposible a los demás.

Pero, para llegar a La Pradera hay que atravesar un montón de barrios –algunos están en la lista de los más peligrosos de Caracas– donde “todos los días matan a uno o dos, y nos asombramos cuando los muertos pasan de cinco”, refiere Ana, vecina de La Pradera y activa en la iglesia “Virgen del Carmen”.

La inseguridad sin embargo no es el único problema. Desde que se sube por la empinada calle principal de Los Paraparos, quien vaya a La Pradera atravesará Los Mangos, El Hueco, La Casita, Las Terrazas, La Gallera, Los Cangilones y otros barrios con un denominador común detrás: basuras amontonadas en las esquinas, las calles rotas y los módulos de la Misión Barrio Adentro en total abandono.

“Antes, cuando estaban Los Jesuistas, esto estaba más limpio, porque ellos, en cada esquina ponían una pequeña gruta con un santo y la gente respetaba al santo y no echaba basura en las calles; pero unos malandros se llevaron los santos y esto se convirtió en un chiquero”, señala David, habitante cercano a La Pradera, en un sector invadido y regido por “leyes” que se imponen detrás de los disparos.

“Yo soy invasor, pero vivo dignamente; lo que me da rabia que en esta zona., como es tan grande llega más gente, a veces mucha gente mala. Cuando creemos que los estamos ayudando para que vivan mejor, pero no, descubrimos que en las noches, se aprovechan de la oscuridad para robar y a matar”, enfatiza David.

Contra eso luchó Katty, una vez que La Pradera se transformó “en un barrio decente”. A su edad, ella encabezó los grupos de vecinos que sacaron a los indeseables e impuso reglas no escritas de convivencia, bajo la convicción de que nadie los va ayudar.

“Aquí los barrios más peligrosos son El Carmen, Los Mangos, ese tiene mil historias; y hay un sitio que se llama El Hueco, que es de terror. Igual La Tiendita, el 5 de Julio…bueno hay muchos. Lo cierto está que uno tiene que recogerse temprano, porque los disparos comienzan desde la mañanita… ¿la guardia nacional? No, esos yo los llamos los arbolitos, porque están de verde y sólo sirven de adorno. El Gobierno no ha hecho nada por nosotros. Allí usted ve hay más de 8 módulos de Barrio Adentro, sólo dos funcionan”, explica Katty, quiene tiene historias reales de este programa de asistencia de salud prácticamente desmantelado..

“Para uno de esos módulos fue Evangelina, la muchacha que dejó tres hijos y murió de dengue hemorrágico. ¿Y usted sabe que hicieron esos cubanos? le dieron unas pastillas y la mandaron a su casa. Claro, al otro día amaneció muerta. Eso es doloroso, porque Carlitos, que tiene 14 años y sabe que perdió a su mamá, anda por ahí con el dolor en el alma. Se lo aseguro por Dios, Carlitos al final va a ser un malandro más. Qué se va hacer. La mamá era que traía el sustento a esa familia. El papá, Eduardo, ni se sabe en dónde anda. Dicen que lo han visto en las tablas que están allá abajo, donde se esconden los piedreros; esos que fuman piedras (crack) y salen de noche a robar”.

LA VEGA, UNA HISTORIA DE EXCLUSIÓN
La parroquia La Vega es una de las 32 parroquias que forman parte de Caracas y de las 22 que pertenecen al Municipio Libertador. Según el Instituto Nacional de Estadísticas, la parroquia es integrada por dos sectores, La Vega y Montalbán. La Vega es el sector más pobre y está conformado por los barrios tradicionales La Hoyada, El Carmen, La Amapola, La Veguita, La Vega, Los Naranjos, San Miguel, El Milagro, Los Cangilones, Los Mangos, El Petróleo, Bicentenario, Las Torres y La Pradera, La Esperanza, entre otros.

Su origen proviene de un asentamiento de los esclavos que labraban la tierra en la Hacienda Montalbán, creada esta por los españoles como trapiche de caña de azúcar. Luego fue fundada como Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de la Vega, el 18 de julio de 1813.

El entonces pueblo se mantuvo sin mayores variaciones hasta mitad del siglo XX cuando comienzan a establecerse en las montañas trabajadores, en su mayoría obreros del interior del país e inmigrantes en su mayoría colombianos y ecuatorianos.

La ausencia de planificación hizo que el crecimiento fuera desmedido construyéndose viviendas en precarias condiciones conocidas como "ranchos". En la llanura al norte de la parroquia se creó una urbanización eminentemente residencial de tipo vertical llamada Montalbán.

La Vega es un sector popular o clase baja, es más que todo de tipo residencial, el comercio es también una fuente importante en el sector. La falta de planificación ha hecho que la comunidad pase a ser un sector de más bajos recursos.

Como dijeron algunos y quizás recordando una frase perdida: La Vega “se ha convertido en un lugar habitado por la muerte”

sábado, 20 de febrero de 2010

Hasta luego Leo






Leo...
Queda este terrible dolor, queda esta sensación de vacío, pero también el agradecimiento a la vida, por la inmensa fortuna de haberte conocido.
Queda haberme sentido siempre arropada por ti, haberme siempre sentido una mujer mucho mejor de lo que soy en tu mirada.
Hoy sólo son recuerdos, tus abrazos, tus besos y tu sonrisa.
Pero dejas lección de inmenso y sabio cariño y un ejemplo de incondicional entrega.
Guardaré para siempre la mirada transparente y dulce, el comentario divertido y el ¡Hermana! que me regalaste.
Hoy pienso que la vida tiene sus tiempos perfectos... a veces.
Fue bueno. que llegaras a mi vida cuando ya era adulta "medio templada" por la existencia,.De lo contrario a punta de tanto mimo, me hubieses convertido en un ser humano insoportable.
Nos dejas a Aminta, a tus hijas, los colores del Amazonas, el Orinoco, mis Raudales de Atures, las estrellas que se pueden tocar con las puntas de los dedos en sus noches profundas...
Y tú, cantando recuerdo en cada rincón de esa tierra que hiciste tuya, por un amor a una india de Maroa, y me regalaste a manos llenas.
Me cuesta horrores escribir esta entrada en mi rincón...
Pero no puedo evitar hacerlo.
Me llamaste poeta, cuando yo ni una linea en la vida había escrito.
Y hoy, que necesitaría sentirme poeta, ningún verso atino a escribir...
Sólo... Te quiero Leo y te querré siempre.


Este rincón está herido en el alma y tiene el corazón vuelto añicos.
Necesitará algunos días para ahogarse en las lagrimas que sanan.
Y tomará una triste pausa.
Perdonen que cierre la ventana a los comentarios.
No sería capaz de contestarles.

jueves, 18 de febrero de 2010

Germen Helado



Extiendo mis brazos
pero sólo fantasmas de recordados
arropan tiempo en la memoria
Manos cerradas congelan el abrazo
Paralizan los latidos
Silencian con grito sordo los suspiros
Con escarchado aliento escupes mis besos confusos
devolviendo bocetos de témpanos acristalados
Decreto inclemente hiela la poesía
que ayer vestía de cálida brisa
Versos despuntaron amaneceres
y cien y más lunas despertaron con colores atardecidos
Pero desnudaré mi alma al sol
y derretiré este invierno en el renacer del olvido


Gizela Rudek J
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martes, 9 de febrero de 2010

Que me perdone.





"Sé que mientras viva nada me justifica
porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas
y que me esfuerce después para que parezcan ligeras"
Wislawa Szymborska
Polonia 1923

Pido perdón al amor que no pude amar
también por amar al último como el primero
Que me perdone la guerra por llorar la espina de la rosa
cuando regreso del mercado de las flores
Que me disculpe el árbol por sentarme en sus cuatro patas
Que me perdone la necesidad por entregarme a la algarabía
La felicidad por pretenderla devota y fiel a mi vida
Que me perdone el tiempo por no escuchar al segundo pidiendo esmero
Las interrogantes inmensas por volar entre pequeñas respuestas
Pido perdón a los sueños que obligo a recurrir
A las pesadilla por ser las odiosas de los amaneceres
Al desierto por ahogarme en el vaso de mi agua
Perdóname río cristalino por embarrarte de pensamientos
Perdóname luna por bombardear mis deseos cegando algún lucero
Alegría sé espléndida conmigo
Soledad no me repudies por huir
(Igual siempre a ti regreso)
Esperanza entiende porque a mi alma te engrillo
Que me perdone el mundo por nos ser mundo
Por no andar caminos sangrando callo ajeno
y la poesía…
La poesía que de mi se apiade por esconder en burdos versos
amor y desvarío


Gizela Rudek J
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sábado, 6 de febrero de 2010

Dependiendo donde se vive... sonríe la vida

Vivo en Madrid. Un absceso en la boca se complicó (culpa de una muela) y debo guardar reposo. Tengo antibióticos a mano, me drogo con Ibuprofeno y protejo mi estomago con Omeprazol. Tengo en jaque a mis hijos y a mi mamá, que como no están acostumbrados a verme en cama, no paran de consentirme. Esperanza mi vecina hace mis compras y me hornea pasteles. Mis amigas no cesan de enviarme mensajes desde Venezuela al teléfono para hacerme reír en medio de esta “tragedia”
Escribo esta entrada entre sabanas limpias, y un sol rico entra por la ventana.
Y lo único que hago es ver TV ...


Vivo en Somalía. África. Tengo ocho años. Me sostienen las piernas cuatro mujeres, mientras otra con una cuchilla de hierro, extirpa por completo todo mi clítoris y la vulva. Después me cortan los labios menores y la mayor parte de la carne que forma los labios mayores. Los colgajos de piel que quedan, me los unen y sujetan con espinas de acacia enana. Dejan un trozo de madera, para que quede un orificio, por donde con suerte, si sobrevivo, pasará la orina y el flujo menstrual. Las invitadas al ritual, a fin de “verificar” si el trabajo está bien realizado, meten sus dedos en las heridas y luego me las tapan con cenizas y tierra. Ahora me atan las piernas, desde las caderas hasta los tobillos. Así estaré durante cuarenta días a fin de asegurar que la piel cosida cicatrice correctamente y no se abra de nuevo.
Ahora soy un cofre puro, para el hombre que me espose.


Tengo siete años, también vivo en África. Mali. Cuatro mujeres me sostienen las piernas, otra me corta el clítoris y los labios menores. Lo que describe mi amiga arriba, lo llaman los estudiosos, una infibulación, que “sólo” se está practicando en un 15 % de los casos de ablación genital. A mí me cortaron el clítoris y los labios menores, soy de las "afortunadas" que se cuentan, en el porcentaje mayor de esta practica.


Tengo quince años. Estoy en mi noche de bodas. Mi esposo no puede penetrarme, lo ha intentado varias veces. Las cicatrices de la ablación lo impiden. No se abre mi cofre sagrado. Toma un cuchillo y corta la abertura.
Está feliz, sabe que sólo fui de él.


Apaguen la música, vean por favor este documental.
No teman. No verán ninguna práctica.No sería capaz de publicarla aquí.
La foto que ven es simple portada, no tiene nada que ver con el contenido.
Pero sí podrán entender, lo complejo de la materia
Y se darán cuenta, que es posible, erradicar este horror.

Documental producido por Equality Now ’Africa Rising’




Hoy es Día Internacional contra la Mutilación Genital Femenina (MGF)

La Mutilación Genital Femenina se ha revertido en algunos países, pero todavía hay entre 120 y 140 millones de niñas y mujeres en el mundo que padecen sus consecuencias

Se estima que cada año, 2 millones de niñas y adolescentes sufrirán la extirpación parcial o total de sus genitales externos.
Con el agravante de que en los países africanos se está rebajando la edad en las niñas victimas de esta mutilación, registrándose casos extremos, en bebés de siete días a fin de evitar que las niñas (con la mayor información actual) se rebelen y puedan impedirlo. Las cifras de esta practica, también van en aumento en Europa, Australia, Canadá y EE.UU entre los inmigrantes procedentes de África y Asia sudoccidental.


No es suficiente con promulgar leyes prohibiéndola. La única manera de ir erradicando esta aberración es con educación para las niñas y con trabajos de orientación dirigidos a mujeres y clérigos.
Es un problema complejo. Lecturas mal entendidas del Corán. Sociedades que execran a las niñas que no son sometidas a la ablación genital. Mujeres que las practican como sustento de vida.
No importa mucho las razones, lo único que importa, es el fatal resultado…
Podemos desde nuestra fortuna y la fortuna de nuestras hijas colaborar.
Enlaces donde lo pueden hacer:

WORLD VISION España

UNICEF

jueves, 4 de febrero de 2010

En el impongo de perdidos

Rebuscando entre silencio
cuidando no levantar tiempo
hurgo con la ceguera de un puro instinto
entre recuerdos mal catalogados
Yace sobre alacena de espacio indefinido
alguna estrella (más de una) para siempre apagada
(no repaso de que cielo desclavada)
Una isla sumergida y después otra
(pero nunca tuvieron orilla)
No recuerdo si fue de norte a sur
tal vez nunca fue norte y siempre un ocaso
pero perdidas quedaron algunas diosas
más de un dios hacedor de cotidiano milagro
No reconozco donde quedó el resto
tampoco donde perdí mis garras
(Hubo un tiempo que aferré alma y tiempo)
convirtiendo a quien registro
(Aún humana)
en huida en vano del perverso designio:
Descatalogado acuse de perdidos


Gizela Rudek J
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lunes, 1 de febrero de 2010

Cese obligado de una pausa.

Hay épocas que pasa de todo con el alma y se combina con el cuerpo y se resta con el poco tiempo y las cosas se complican. Hay veces que quiero descansar de espíritu y de cuerpo, no leer, no escribir, no enterarme de nada trascendente que pase a mí alrededor. No preguntarle nada a mi yo, tan complicado en simplificaciones.
Pero los que vivimos con la luna dividida, algo que nuca dejamos de hacer, es chequear nuestros correos electrónicos y dormir con el teléfono movil pegado a la pata de la cama, así los médicos digan que el transformador eléctrico causa cáncer.
Ayer recibí un correo de Maru, mi amiga de origen libanés que vive en Acarigua. Maru se graduó en la Universidad de los Andes. Es de las humanistas, pero decidió darle un giro humanístico más practico a su vida y con el titulo guardado en la cajuela de su auto, recorre el país descubriendo artesanos maravillosos, a los que compra sus creaciones y las vende en su tienda del centro de Acarigua; a la cual es difícil acceder, porque está “tapiada”, por la famosa clase social venezolana:Los Buhoneros. Economía informal, la llaman los economistas. Siempre me ha impresionado, como la tragedia se puede desratizar en un nombre abstracto. Cientos de tenderetes, ocupan las aceras y la mitad de la calle. Odiados por la mayoría de los comerciantes, porque imposibilitan el acceso a sus comercios a los clientes, que ante tanto lío, prefieren comprar en un centro comercial limpio y con aire acondicionado. Producto inhumano del eterno establishment, que impera en un país rico petrolero que nunca aprendió a sembrar su petróleo y obliga a la mayoritaria de sus habitantes a sobrevivir vendiendo mercancías, que generalmente compran a un mafioso adinerado, que a su vez subcontrata y explota a las victimas que trabajan y comen bajo ese hermoso sol venezolano. Divino, con poca vestimenta en las playas; inclemente, cuando se ha que pasar todo el día bajo su auspicio y vestidos de ciudad.
Pero me fui por los Cerros de Úbeda… Me encanta ese dicho. Lo aprendí del Señor de la Vega en su blog, y lo uso para dármela de “española reencauchada” en esta otra patria mía, porque en venezolano sería: Me fui por las ramas.
Aunque no fue mucha mi ida. Era de odio que quería hablar. Del odio que se ha enraizado en mi Venezuela.
Maru me envió la carta que escribió su amiga profesora de la Universidad de los Andes, narrando los acontecimientos que terminaron con dos jóvenes muertos, y un centenar de heridos, algunos graves. Entre los graves, un amigo de mis hijos.
Dos jóvenes muertos, la prensa relata, uno de "oposición", el otro del "oficialismo".
De nuevo me asombro, como una tragedia se puede convertir en mera "etiqueta"
Los universitarios tuvieron la osadía de protestar por nuevos cierres de canales de TV, esta vez le tocó a la televisión por cable. Como en todo régimen totalitario, sea de derecha o de izquierda, lo primero que “molesta” son los medios de comunicación, y las manifestaciones. Así que gobierno con las hordas chavistas, (y pido perdón a mis amigos chavistas que no van en motos, armados con revólveres, y cargados de odio), arremetieron contra los estudiantes y contra las instalaciones de la Universidad de Los Andes.
Mi hija me pidió que publicara la carta, mis amigas me pidieron que publicara la carta, mi corazón me dijo, que una no descansa de espíritu, ni sanan los males físicos, si la conciencia grita mordiendo. Y esta ventana pública es muy chiquita, pero es mi deber denunciar lo que se vive, allá, al otro lado de mi luna.
Les pido que lean la carta. Es como que muy largo este post, entre mi perorata y la carta, pero es más larga la tristeza que siento, y en ustedes siempre, injustamente, me apoyo para seguir adelante…y créanme, a veces no encuentro camino.

De cómo viví la justicia revolucionaria.
En Mérida tenemos cortes de luz desde hace unos 6 u 8 meses. De forma desordenada, ocurren a cualquiera hora del día. Duran dos horas o más y se producen entre dos y tres veces diarias. O sea que nos falta la electricidad entre 4 y 6 horas al día. Todos los días. Es un verdadero desastre.
El agua fluye con problemas en la Av. Las Américas, desde octubre de 2008. En Las Marías, conjunto de edificios donde vivo, debemos racionarla de acuerdo con un horario establecido. Así nos rinde y podemos contar con ella a determinadas horas del día. Afortunadamente este racionamiento está en manos de nuestras juntas de condominio, porque si lo organizara nuestro eficientísimo gobierno, no tendríamos agua jamás.
En muy pocos barrios pobres se atreven a protestar. Allí ha prevalecido el miedo o la esperanza con más intensidad que en las zonas medias, donde la gente ya evidencia su cansancio. De modo que han empezado las manifestaciones en protesta. Se organizan marchas o hay espontáneas caceroladas en las puertas de los edificios y en las ventanas. Los más “osados”, algunos jóvenes “escuálidos”, queman cauchos en diversas avenidas, frente a las urbanizaciones y en las adyacencias de la ULA. La suspensión de la señal de cable de RCTV ha reforzado estas protestas.
Vivo a la salida del Núcleo Liria donde se encuentran las Facultades de Ciencias Económicas y Sociales (Faces), Humanidades y Derecho. Cuando los estudiantes del núcleo protestan, lo hacen en la avenida, cerca de mi casa. Cortan el paso, queman cauchos, tiran piedras a los policías y repelen las bombas lacrimógenas o los perdigones que les disparan. Mi familia y yo casi que somos adictos al gas policial. A cada rato nos bombean. A veces, los estudiantes arrojan a los polis bombas molotov. Casi siempre terminan refugiándose en los estacionamientos de Las Marías.
Ocasionalmente hay algún herido o muerto que suele ser un estudiante pero puede ser un policía. La mayoría de las veces es un asunto menos serio. He visto a la policía recoger las piedras y regresarlas a los estudiantes. Pasan varias horas en eso, hasta que el comedor universitario abre sus puertas o hasta que se cansan. Al rato vuelven a la carga. Cuando las piedras se quedan en el suelo por un rato, los caminantes siguen su camino por la refriega en suspenso. Pese a los enfrentamientos, nunca dejé de caminar cuando era necesario hacerlo. Son muchos años de protesta, casi crónica, que suele parecer un juego. Decía yo.
Ayer fue diferente. Ayer a las 6 pm, les explicaba a Natalia y a Damián que ya podían caminar hasta mi casa. No había un alma frente a la avenida. Aparentemente todo había pasado. Pero ellos se negaban. Estaban atrapados en un caos que yo no alcanzaban a ver y necesitaban cobijarse en algún lado, a pocos metros de Las Marías. “La cosa es en serio”, decía Natalia. Cientos de “patriotas defensores de la revolución”, rondaban las entradas de los edificios a la altura del viaducto, a unos 300 metros. No había forma de caminar. Los vecinos y peatones estaban aterrados ante la rabia y las amenazas de los defensores, hartos a su vez de tanta protesta “oligárquica” en contra de la revolución bonita. No podía creer lo que oía. Salí al pasillo con el celular en la mano y vi en la entrada principal de nuestro conjunto de edificios una situación parecida a la que Natalia vivía unos metros más abajo. Eran menos los defensores pero todos igualmente aguerridos. Motorizados circulando frente al portón principal, disparaban a los edificios. Una camioneta quiso entrar y la detuvieron. El conductor apenas tuvo tiempo de correr antes de que la hicieran estallar con una molotov. No llegó ni un policía.
Los vecinos me explicaron lo acontecido en la plaza de nuestras residencias, hacía una o dos horas antes, mientras yo caceroleaba frente a la avenida. Los estudiantes se habían colado en nuestra plaza y escondido en los estacionamientos, corriendo perseguidos por disparos realizados no por la policía, sino por patriotas motorizados. Pero en la refriega no fue herido, en el momento, ninguno de los primeros. Quien cayó fue uno de estos. Un patriota. Un niño de 15 años. ¿Quién disparo? ¿Uno de ellos mismos? ¿Acaso fue una de sus balas perdidas? ¿Algún estudiante armado? ¿Algún vecino irresponsable? No se hizo investigación alguna, por lo menos, no en el día de ayer, cuando ocurrieron los hechos. Pero el gobernador, gran vidente, declaró en la radio al poco rato, a tono con la versión patriota, que el tiro había salido desde Las Marías. Esta declaración no fue producto de alguna experticia o planimetría realizada por peritos calificados. No llegó ningún fiscal del Ministerio Público, ni expertos que midieran la calle y las distancias o entrevistaran a testigos imparciales. Sólo quienes recogieron al chico. Y el control de la situación quedó en manos de los airados defensores de la patria.
Eso explicaba el origen de los disparos hacia los edificios. Debíamos pagar la muerte del joven comunista. Llamamos a la guardia, a la policía. Decían que ya iban, pero no llegaron. Hoy en la mañana tampoco los vi. Ahora sabemos que el gobernador, quien tiene compromisos y quizás miedo de enfrentar a los audaces defensores, ordenó que ni un policía, ni un guardia se asomara a nuestras residencias. Me encerré en mi cuarto que da a la avenida Las Américas. A las 9 pm, aproximadamente, empezaron los disparos hacia mi ventana y demás ventanas del edificio. No tuve miedo. La curiosidad pudo más y me asomé por segundos. Vi a una decena o más de encapuchados intentando violentar el portón de acero, el que cierra el muro lateral de las residencias. Era espantoso, el tumulto, la saña, los gritos desolladores, los disparos, los golpes metálicos contra el candado. Fue interminable. No pudieron con el portón. Volvimos a llamar a la policía, a la guardia, a emergencias. Nada. Enfilaron los dos autobuses en que andaban y los lanzaron contra el muro de protección hasta derrumbarlo…
El sonar del concreto cayendo de furia. Las pisadas potentes y dolorosas. Los ecos sosteniendo el triunfo de la fuerza y de la rabia. Vidrios rotos… tubos golpeando, ladrillos y piedras rompiendo coches, gasolina rociada en carrocerías. La ira martillando, hierro hendiendo sobre hierro. Y las llamas al rato, salpicando su reflejo en mi ventana. No estaba asustada. Transitaba en un mundo paralelo, esperado y temido. Un mundo recorrido ya por venezolanos en otros lugares del país. Me alcanzaba el futuro promisorio, el del pueblo venciendo a la oligarquía, sentando en la partera de la historia. ¿Quién mantiene un miedo que ha imperado por años? Ahora tocaba enfrentar la realidad. El triunfo de una sociedad sin leviatán y sin clases sociales, bajo el dominio del “pueblo” y la justicia revolucionaria…
Sin lágrimas… Los primeros pisos chamuscados. En el estacionamiento, el concreto sobre los carros destruidos y las tuberías de agua y gas arrancadas. Mi carro y varios más completamente quemados. En planta baja, la conserjería ardiendo. La bombona gigante de gas violada. Supimos que no la volaron porque los vecinos del barrio colindante con las residencias gritaban e hicieron ver que no sólo explotarían Las Marías, sino los mismos defensores y el barrio entero, donde viven muchos compatriotas.
Al salir de Las Marías se ubicaron frente a Faces, contemplando su obra por un rato. Pero sólo calmaron su furia luego de quemar y destruir varios edificios universitarios en el Núcleo La Liria. El archivo histórico de Economía desapareció, junto con el decanato. Fueron quemados también el centro de estudiantes, cafetines, salones de clase, etc. Si había policías. Muchos vecinos, incluida yo, los vimos al final, entre las llamas, escoltando a los buses en su ira.
No estoy en casa. Un rumor extendido en el día, con una hora de plazo, nos ha invitado a abandonar nuestros hogares. Supuestamente están planificando hacer arder los edificios a menos que “entreguemos al asesino”. Las Marías parecen un pueblo fantasma, donde sólo se oye el sonido del viento empujando el polvo y la basura. He sabido que han visitado las residencias San Eduardo y que El Campito y otros sectores más de clase media baja, donde viven estudiantes, profesores y otros profesionales, están siendo atacadas ahora mismo. Ya han caído varios universitarios. Harto de tanta protesta opositora, el “pueblo” vence al fin a la “rancia oligarquía”.
Luz Coromoto Varela Manrique. Profesora de la ULA
En algún lugar de Mérida, escondida.
26 de enero de 2010.

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